Tailandia: Bangkok Día 1

Llegamos a Tailandia en un vuelo de Qatar Airlines localizado mediante la web de Skyscanner. Mi amiga y yo nos reunimos en el aeropuerto de Doha en Qatar (tienes más datos de esta aventura en Nos vemos en Doha). En este viaje era la primera vez que utilizaba esta aerolínea y estoy bastante satisfecha con el servicio, los asientos y el entretenimiento multimedia. La comida bien, aunque no la destacaría especialmente.

Esta entrada pertenece a una serie sobre mi visita a Tailandia, si aún no lo has leído te recomiendo que pases por Antes de viajar a Tailandia.

Esquema de consulta en esta entrada:
Wat Ratchapradit Sathitmahasimaram
Wat Traimit
Kuan Yim Shrine
Mercado nuevo
Templo de Mangkon Kamalawat
Templo de Mármol
Wat Suthat Thepwararam
Gran Columpio
Wat Saket
Wat Ratchanatdaram
Monumento a la Democracia
Memorial
Khao San Road
Soi Rambuttri
The Macaroni Club

El proceso de control de pasaportes pasó «sin pena ni gloria», es decir, que no esperamos gran tiempo, ni la cola fue larga, ni tampoco hubo preguntas especiales. No fue algo excepcional de ese día, pues como ya contaré más adelante, la entrada a Tailandia nos tocó hacerla dos veces con idéntico resultado. Al pasar el control se puede consultar en unas pantallas en qué cinta se encuentran las maletas. Nuestro objetivo en el aeropuerto era conseguir una tarjeta SIM que nos sirviera para el resto de los días de nuestra estancia en el país. Cerca de la salida encontramos un mostrador donde ofrecían distintas opciones por plazo. Elegimos Happy Tourist SIM Super 4G a 599 Baht. El siguiente objetivo era encontrar al chófer que habíamos contratado de nuestro hotel. No nos costó mucho trabajo y pronto estábamos en el transporte atravesando Bangkok con un tráfico trepidante. Podríamos también haber tomado un taxi en el aeropuerto (con el riesgo de no saber lo que nos podría costar) o haber solicitado un Grab (más información en Antes de viajar a Tailandia o en Tailandia: Transporte). Sin embargo, nos pareció más eficiente en cuanto a tiempo tener el servicio ya contratado. Obviamente fue algo más caro, pero nos proporcionó tranquilidad a nuestra llegada.

Afortunadamente en el hotel (Siri Heritage Bangkok Hotel – más información en Tailandia: Alojamiento) nos dieron la habitación a pesar de llegar temprano (habíamos avisado por adelantado de este hecho). Dejamos pagado el transporte (700 Bath) y decidimos reservar también (y pagar: 500 Bath) para que nos llevaran al aeropuerto cuando nos tocara abandonar Bangkok. El precio era mucho más elevado que la opción de ir en Grab u otro transporte, pero debido a los horarios extraños tanto de ida como de vuelta, preferimos no arriesgar.

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Respecto al hotel elegido, lo mejor es su ubicación. Situado en un barrio un poco raro, pues los alrededores son bastante humildes, tiene unas vistas excelentes (al menos nuestra habitación), un buen desayuno, una habitación amplia y, lo mejor, una piscina (no climatizada) con chorritos de Spa excelentes tras una jornada de visitas turísticas.

Tras un aseo y una adaptación del vestuario (de invierno a casi verano), decidimos comenzar nuestro día por Bangkok. En las calles anexas al hotel había montado un mercadillo al más puro estilo del Rastro de Madrid. Cualquier artículo antiguo estaba a la venta en puestecillos. El país de la sonrisa que es como se conoce a Tailandia nos recibía con alegría en cada una de las personas con las que nos cruzamos. Caminamos más pegados al río (Rop Krung) pero aún en nuestro nuevo barrio, comprobando que los locales están especializados curiosamente en un artículo o artesanía. Nos sorprende el ambiente festivo que se respira en cualquier rincón de la ciudad. El pueblo se esmera en celebrar el cumpleaños a su Rey. Tras unos quince minutos de paseo cruzamos el puente Pi Kun Bridge para encaminarnos a la primera visita del día.

Wat Ratchapradit Sathitmahasimaram. Este templo lo tenía señalado porque en varios sitios web lo habían reseñado como cercano al Gran Palacio, que por ello pasaba desapercibido, pero que merecía la pena la visita. Para nosotros fue nuestra primera toma de contacto con los templos en Tailandia. En los alrededores había mucho movimiento: los preparativos del cumpleaños del Rey. El acceso está en un lateral (en una calle perpendicular al río). Dentro había un ir y venir de gente, comida preparada, monjes rezando en el interior…. pero nos invitaron a entrar y pasear. En los elementos decorativos destacan la piedra tallada y las piedras de colores con brillos al sol. La sala principal del templo tiene bonitas pinturas murales que bien merecen estar en cualquier guía de la ciudad. Representan ceremonias reales y eventos significativos de la vida del Rey. Un sonriente monje nos invitó a tomar limonada. Nos pareció una grosería declinar la invitación, así que nos colocamos en la fila para recibirla. Después de haber tomado unos deliciosos tragos una vocecilla replicó en mi cabeza una recomendación «no tomes hielo ni agua sin embotellar«. ¡Oh, oh! Pues ya era demasiado tarde. A favor diré que no nos sentó mal ni nos provocó diarrea… ¿Será porque nos la ofreció un monje?

Mientras disfrutábamos de la limonada en la sombra que nos ofrecía una «pérgola» que habían instalado en el templo observábamos las idas y venidas de gente con uniforme intentando leer de dónde eran (aunque era algo complicado porque estaban en tailandés) o tratando de entender todo el revuelo. Le preguntamos a una chica y nos confirmó que todo era debido al Gran Él, esto es, el Rey. Unos chicos con uniforme se acercaron cual adolescentes a «ligar» con nosotros. De hecho hasta nos hablaron de tener hijos. La escena fue bastante cómica y la recordaríamos el resto del viaje.

Al acabar la limonada nos fuimos a solicitar un Grab para que nos llevara al siguiente punto del día. Mientras esperamos, varios tailandeses se ofrecieron a ayudarnos. Supongo que el hecho de ser europeas nos daba un toque de distinción. Nuestro Grab (81 THB) nos recogió al otro lado del canal. Resultó que tenía muchas ganas de conversación a pesar de casi no hablar inglés. Nos pidió una foto para compartirla con sus amigos de Grab. Nos dejó un poquito más abajo del acceso del Templo del Buda de Oro. Mientras caminamos vi cadáveres de cucarachas… (no soy nada fan, pero bueno en Valencia también las hay a montones… así que hice de tripas corazón).

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Wat Traimit (40 THB). A diferencia del templo anterior, éste sí que es muy famoso. Se le conoce porque en su interior tiene una de las estatuas más grandes de Buda de Oro macizo que hay en el mundo (unas cinco toneladas de peso y tres metros de alto). Fue construido en la era Sukhothai. Cuenta la leyenda que estuvo mucho tiempo oculta bajo una capa de escayola y que en un traslado al caer, se descubrió el interior. Hoy en día es de las estatuas más veneradas. El acceso para los tailandeses es gratuita pero los extranjeros debemos de pagar 40 Bath. Hay que subir una escalinata y abandonar los zapatos (no es necesario quitarse los calcetines – No olvides consultar mis consejos sobre la ropa y el calzado en Antes de viajar a Tailandia). El interior es luminoso. Puede rodearse el Buda completamente. Venden agua bendita embotellada. Aquí escuchamos por primera vez los tintineos de las muchas campanitas con forma de hojas que hay en los templos. La gente las hace sonar, como queriendo decir que inician la oración. El viento también las ondea… y tiene cierto aire bucólico que invita a la meditación.

En la parte baja del templo estaban preparando los jardines para el cumpleaños del Rey. Al salir, decidimos dar un paseo por el Barrio Chino dada su proximidad. Vimos la famosa Chinatown Gate. Cruzando las avenidas llegamos a ver:

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Kuan Yim Shrine. Templo de inspiración china. Se repiten los colores rojo, azul y verde. Utiliza las mismas técnicas que aquellos que vi en mi visita a China. Puede visitarse el interior descalzándose aunque bien puede admirarse desde el exterior.

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Mercado nuevo. Continuamos nuestro paseo por Yaowarat Road, entrando en las calles perpendiculares, perdiéndonos por sus puestos de lo que hoy en día es la muestra del «barrio chino» más auténtico de Bangkok. Pescado crudo, carne, artículos deshidratados, especias… Sorprende la ausencia a gran escala de insectos, es decir, dado lo que se vende es para que allí hubiera toda una fauna volando, pero no es el caso… tampoco hay un olor fuerte que destaque, aunque sí uno que se mete dentro… Es difícil de explicar.

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Templo de Mangkon Kamalawat. Paseando por la zona encontramos este lugar que no teníamos planeado visitar. Para entrar no es obligatorio descalzarse. Es amplio y abierto. El ruido que provocan al agitar las cajas con varillas de madera retumbaba en el espacio. Cada varilla contiene tu suerte del día. Curiosos los Budas con velos rosas. En una sala había muchas mujeres elaborando cosas artesanalmente.

A la salida del templo solicitamos el próximo Grab (95 THB) y mientras esperamos compramos agua (10 THB) y coca cola (12 THB). Descubrimos una maceta que contenía peces y vimos el primer perro «catatónico» de la ciudad. No sé si sea por el clima pero los animales solían estar en estado de reposo con tal quietud que parecían más muertos que vivos. Con este perro nos costó observarle detenidamente hasta que apreciamos su lenta respiración.

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Wat Benchamabophit (50 THB). Es conocido como el Templo de Mármol. Cuentan que fue decisión del Rey Rama V que fuera todo de mármol blanco para crear un templo único en el país mostrando la grandeza del monarca. El complejo es bastante amplio. El edificio principal tiene un patio rodeado de Budas con campanillas con hojas silbando al son del viento. En la parte cerrada hay un impresionante Buda de Oro sobre un fondo azul. Fue aquí donde por primera vez nos sentamos siendo presas de la meditación. Los visitantes no eran muchos, esto nos permitió disfrutar la visita desde otro punto de vista. En el exterior cuentan que hay 52 imágenes de Buda llevadas desde otras partes del país o incluso donadas por países vecinos. Un «afluente» del río Prem Prachakon forma parte del lugar. Solicitamos el Grab (77 THB) para llegar al siguiente destino.

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Wat Suthat Thepwararam (100 THB). No es un templo muy conocido, y en ocasiones pasa desapercibido por encontrarse frente al Gran Columpio. Sin embargo, está compuesto por una serie de edificios (incluye 28 pequeñas pagodas chinas por las 28 vidas de Buda) destacando el principal que contiene un Buda construido en bronce (aunque yo lo vi dorado) de unos 8 metros y unas pinturas murales hermosas y bien conservadas en todas sus paredes. Representan la vida de Buda y algunas costumbres de la era Rattanakosin. Como curiosidad, a los pies de este Buda gigante descansan los restos de Rama VIII, hermano y predecesor del actual Rey de Tailandia. Es fácil quedarse solamente visitando el primer patio, pero hay que continuar y bordear por la izquierda para llegar al edificio principal donde están los murales. La visita hay que realizarla sin zapatos (se pueden dejar los calcetines). Nuevamente tuve la oportunidad de realizar la visita sin casi turistas, lo que me permitió admirar y contemplar con la tranquilidad y la paz que este lugar merece. Quizás eso fue parte del encanto.

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Columpio Gigante. Frente al Wat Suthat entontramos este Columpio Gigante. En realidad se conserva la estructura de lo que era un columpio de 20 metros de altura. Cuentan que se columpiaban tratando de alcanzar una bolsa llena de monedas sujeta a uno de los pilares, como agradecimiento por las buenas cosechas. Este rito fue suspendido porque crecieron el número de accidentes (con algunos fallecimientos incluidos). Desde la plaza puede verse el Ayuntamiento de Bangkok. Desde aquí volvimos a tomar un Grab (89 THB) para nuestro siguiente destino.

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Wat Saket (50 THB). Más conocida como La Montaña Dorada o The Golden Mountain. Se trata de una colina artificial cuyas escaleras (compuestas por 344 escalones) la van rodeando hasta la cima. Ya en el inicio hay una pequeña cascada con multitud de esculturas que van amenizando el ascenso. Tres de esas esculturas son los famosos monos de una App que se cubren los ojos, los oídos y la boca (¿Te suena?). Yo ya los había visto en Japón, en uno de los templos de Nikko (click en el enlace para saber más sobre mi experiencia). No hay vistas desde los escalones porque hay una frondosa vegetación. Hacia la mitad hay un Gong. Como anécdota contaré que nos grabamos un vídeo con mi móvil pero al estar conectado al palo selfie ¡no grabó sonido! Lo bueno es que me sirvió para tenerlo en cuenta para futuras grabaciones. En la cima hay unas vistas casi de 365 grados de la ciudad. Nuestra intención era ver el atardecer pero aun quedaba una hora aproximadamente. Hay unas figuras de Buda de la semana (para ir aprendiendo). En el interior de la Chedi hay reliquias de Buda traídas de la India.

Descendimos por otro lugar que nos permitió una perspectiva trasera de La Montaña Dorada. En la base de la colina hay un Buda gigante de pie de piedra como si estuviera incrustado en ella. Hay varios pequeños edificios que la rodean. También hay un «crematorio» y otros edificios que forman parte del complejo. Desde aquí nuestra intención era movernos nuevamente en Grab pero todos estaban ocupados. Hora punta. Así decidimos ponernos a caminar hacia Khao San Road para cenar y dar por terminada la jornada.

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Wat Ratchanatdaram. Si algo tiene caminar es que encuentras cosas para ver que a lo mejor no te habrías detenido. Así nos pasó con este templo. A pesar de que por la hora no pudimos acceder al interior sí que pudimos contemplarlo (con la adrenalina de que nos fueran a dejar dentro del interior de la cancela). Lo espectacular del edificio es el Loha Prasat con 36 metros de altura y 37 terminaciones en agujas representando las 37 virtudes que conducen a la iluminación. Frente al edificio hay unos bonitos jardines (Royal Pavilion Mahajetsadabadin).

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Monumento a la Democracia. Normalmente estos monumentos suelen pasar desapercibidos o no se les presta atención. A mí me gusta intentar ver o encontrarle la simbología. La parte central representa la Constitución de Tailandia de 1932 con una torre de tres metros (junio es el tercero en el calendario tradicional tailandés). Tiene seis puertas que son la independencia, la paz interna, la igualdad, la libertad, la economía y la educación. La rodean supuestamente cuatro alas, cada una de 24 metros (porque la Revolución fue un 24 de junio) y representan las ramas de seguridad: fuerza aéra, naval, armada y la policía. Interesante, ¿no?

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Memorial 14 de octubre del 73. Se trata del recuerdo a un suceso traumático. Hubo muchos manifestantes alrededor del Monumento a la Democracia para protestar por detenciones de activistas políticos y pedir el final de la «Dictadura de los Tres Tiranos». Actuaron entonces el ejército y la policía dando lugar a una masacre. Este monumento se erige para no olvidar y enseñar lo sucedido.

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Khao San Road. Más conocida como la calle de los mochileros. Para mí fue como pasear por la Costa del Sol (Málaga) en pleno agosto, o en Magaluf (Mallorca) en temporada alta. Mucha gente, mucha tienda de recuerdos, de ropa, pareos, restaurantes, bares, pubs, música alta… Todo turístico a reventar. Ofrecen todo tipo de insectos fritos, de hecho, una variedad increíble. A pesar de todo el bullicio, la calle está bien iluminada y no da apariencia de inseguridad.

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Soi Rambuttri. Es la calle paralela a Khao San Road. Me atrevería a decir que algo más pija que su hermana y bastante más tranquila. Nosotros decidimos quedarnos a comer aquí. Nuestro Jet lag no nos había dado mucha hambre durante el día pero ya iba siendo hora de comer. Serían las 18.30.

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The Macaroni Club. Pedimos arroz y noodles con gambas, pan de ajo, agua, refresco y helado. Todo por 513,60 THB. El lugar bonito, limpio y bien decorado. Tiene un estanque con peces.

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Para regresar al hotel decidimos ir dando un paseo porque era temprano. No nos parecía que entrañara peligro alguno. Sí que es cierto que vimos alguna que otra persona sentada en la acera comiendo. Ninguno con actitud peligrosa. Caminando cerca del canal, la luz se fue tornando más sombría, sin embargo, no incrementó nuestra inquietud porque todos a nuestro alrededor estaban muy entretenidos con sus propias tareas. Sus miradas no se extrañaban al vernos. Cruzamos para enfilar nuestra calle (la de nuestro hotel) cuando vimos a bastantes personas preparando sus «camas» consistentes en una esterilla en el suelo al lado de la del «vecino», como una colcha de patchwork, bajo una hilera de techumbres y con ventiladores de pie. El espacio bien podría asemejarse al patio de comidas exterior de un restaurante. Supongo que el clima facilitaba esa forma de dormir. Ellos impasivos ante nuestra curiosa mirada no hizo más que acrecentar nuestra sensación de tranquilidad.

Cogimos los bañadores para estrenar nuestra piscina. Si bien el agua estaba fresquita, nosotras no habíamos notado ese calor infernal que todo el mundo nos había hablado que íbamos a encontrar en Tailandia, nos vino de lujo para descargar las piernas. Las mullidas camas contribuyeron a una noche de descanso. El amanecer, desde nuestra ventana, con pajaritos y naturaleza sería nuestro mejor recibimiento en Bangkok al día siguiente.

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