A la Gran Muralla sin Internet y sin saber chino

Para contextualizar esta anécdota hay que indicar que en China no funcionan las Apps que en el resto del mundo occidental sí que usamos, tales como Google Maps, Google como buscador, WhatsApp… tan útiles en los viajes. Además en esta parada en Pekín decidimos no comprar tarjeta de datos, por lo que no disponíamos de Internet (sólo en zonas WiFi como en el hotel). Esto complicaba nuestras comunicaciones en Pekín, ya que ni siquiera con un mapa descargado de Google Maps y el GPS nos hubiéramos podido ubicar.

Dicho esto, para comenzar este relato, hay que aclarar que desde Pekín hay tres zonas visitables de la Gran Muralla China que van desde la más turística a la más salvaje. Nosotros escogimos Mutianyu, por ser el punto medio (ni muy turística ni muy salvaje). En la página web de la zona  se dan dos opciones directas de ruta:

– Line 1. Salida desde Xuanwumen: Crossroads northeast corner (subway n2 Xuanwumen Station Exit B).

– Line 2: Salida desde Dongzhimen Bus Terminal.

Esas son las dos rutas directas que ofrece la página web. Nos decidimos por la línea 1 ya que a pesar de ser más caro, nos incluía la entrada a la muralla, además nos la recomendó de mi amigo David (¡¡hello David!!).

«No había nada que indicara la parada, no había nadie que supiera del bus, y tampoco nos entendían

Nos levantamos muy temprano y llegamos al lugar a las 7 de la mañana para ubicar la parada en la calle. Oh, ¡sorpresa! No había nada que indicara la parada, no había nadie que supiera del bus, y tampoco nos entendían… Así estuvimos unos cuarenta minutos, con la desesperación de no saber qué hacer… Al no tener Internet, tampoco podíamos volver a consultar. La poca gente que nos entendía, nos remitía a la esquina contraria de las indicaciones que decía la web… ¡Qué caos! El tráfico además era bastante denso a esas horas. Veíamos el mundo pasar rápidamente, con la tensión de no saber exactamente dónde colocarnos a esperar, o si era lo correcto esperar, porque tampoco sabíamos si era el lugar… Así que decidimos volver al metro e ir a la estación de autobuses. El recorrido subterráneo caminando muy largo, por cierto.

Dado que no entendíamos nada de la cartelería nos dirigimos al puesto de información. Nuevamente la chica no sabía hablar inglés, así que como tenía impreso en chino el nombre de la zona de la muralla se lo mostré. Ella nos anotó 916 (señalaba el número y decía «bus»). Pregunté en inglés y con aspavientos si el bus era directo, ella nos aseguró que sí. Nos envió a la plataforma. Llegamos a la carrera, pensando que lo íbamos a perder. En la fila había mucha foto de la muralla y un cartel que decía que el precio eran 30 yuanes (concordaba con la Línea 2). Subimos al bus, pregunté señalando mi papel con el nombre en chino y el chófer nos confirmó que era el que iba a la Gran Muralla. Nos cobró solo 20 yuanes por las dos (y nos extrañó muchísimo). De hecho, flipamos bastante con que fuera tan barato. «¡Nos hemos ahorrado 20 yuanes cada una!»-pensamos.

«Yo estaba un poco preocupada por si acabábamos en la otra punta de Pekín, sin saber chino y sin tener Internet…»

Veníamos de estar casi tres cuartos de hora al frío de la mañana (era diciembre), tapadas con capas hasta las cejas, y en el bus hacía un calor tipo sauna. Nos sentamos en el fondo, unas pocas filas más atrás de la salida trasera. Comenzamos a quitarnos ropa a la desesperada pues me estaba dando un mareo espantoso. Para culminar, descubrimos que el bus era de ruta, no directo, pues estaba parando en muchos sitios. Yo había leído mucho en Internet que la gente tomaba bus de ruta, los bajaban en un punto y desde ahí tomaban un taxi que por regla general intentaban cobrar muy caro (en plan timando). Mi intención con las líneas directas era evitar ese timo… pero cosas del destino, ¡ahora estábamos en esa situación! Yo estaba un poco preocupada por si acabábamos en la otra punta de Pekín, sin saber chino y sin tener Internet… Mi amiga se reía, pensando que a las malas dábamos media vuelta en otro bus y ya. Yo no lo tenía tan claro…

Delante nuestra había sentada una chica. Le preguntamos en inglés que cuál era la parada de la Gran Muralla. Le costó entendernos pero luego se sorprendió pues nos dio a entender que el bus no iba a la  Gran Muralla. ¡Oh my God! ¿No va a la muralla? Se puso a mirar por Internet, le preguntó al revisor, le preguntó a otra chica… y al final nos dijo cuál era el bus en el que estábamos, pero que después debíamos tomar otro bus. ¿Dónde nos hemos metido? Ay, ay, ay… La chica nos enseñaba una especie de Google Maps versión china y obviamente en chino… del que no comprendíamos nada… Ella quería conectarse conmigo mediante la App de Wechat para compartirme las instrucciones, pero al no tener Internet no había conexión para copiar el código Bidi de mi Wechat. Intentamos que nos compartiera Internet para acceder a la web de Mutianyu, pero como no nos entendíamos muy bien lo que hizo fue dejarnos directamente su teléfono.

«Nuestro futuro estaba escrito en una servilleta, de la que solo sabíamos leer H23»

Yo recordaba que la web también hacía referencia al bus de ruta para llegar, y quería verificar en inglés que estábamos en el punto correcto: Take No. 916 Bus at Dongzhimen – Huairou North Street – Transfer at Dongtai//Tiekungyu/Tianxianyu/Shayu – reach the scenic area. De modo que íbamos en el bus correcto, pero debíamos de hacer un cambio de bus. La chica lo miró con su móvil y nos apuntó en una servilleta que el bus siguiente era el H23 así como dónde lo teníamos que coger (en chino claro). En resumen, nuestro futuro estaba escrito en una servilleta, de la que solo sabíamos leer H23. Nos señaló en el mapa de la línea de bus (la que ponen en la parte superior) dónde estábamos, y dónde teníamos que bajar… Yo hice fotos e intenté quedarme con los caracteres chinos. Esto se complicaba por momentos…

Entonces un chico que estaba sentado detrás nuestra me tocó en el hombro:– ¿Van a la Gran Muralla?– Sí – le dije.

– Entonces seguidme porque yo voy también. – se nos iluminó el rostro, ¡¡¡teníamos un salvador!!! Resultó ser de Shanghai y para nuestra suerte contaba con Internet en su teléfono.

«La gente lo miraba a él y a nosotras alternativamente esperando una respuesta a la situación.»

Algo más tranquilas proseguimos la ruta en el bus hasta que en una de las paradas, el chófer se cambió por otro. Para bajarse utilizó la puerta trasera (por donde nosotras estábamos sentadas) gritándonos que nos bajáramos con él. Nosotras lo mirábamos con cara de no entender, la gente lo miraba a él y a nosotras alternativamente esperando una respuesta a la situación. Nosotras miramos entonces al chico de Shanghai y él nos dijo que no con la cabeza, así que confiando en su buen criterio, declinamos la oferta del chófer. Más tarde hablando con el chico, nos dimos cuenta que el chófer nos había timado. El bus se pagaba con la tarjeta de transporte, por lo que obviamente no eran 10 yuanes por cabeza como nos había cobrado sino mucho menos. Lo relacioné con una historia que había leído en Internet donde el chófer del bus se compincha con taxistas para sacar tajada conjunta del turista. Me dio bastante coraje comprobar que siguen aprovechándose de la ignorancia del turista.

Afortunadamente nuestro chico de Shanghai nos salvó. Nos bajamos cuando él nos indicó y cruzamos la calle (yo creo que a nosotras no se nos habría ocurrido cruzar, la verdad, sino que habríamos esperado el siguiente bus donde nos habíamos bajado). Esperamos pacientemente en la parada de bus, en lo que como unos tres acosadores pretendían vendernos el trayecto a la Gran Muralla en taxi por 50 yuanes. Obviamente era carísimo ya que con nuestra tarjeta de transporte nos saldría por unos 3 yuanes o máximo 10. Seguimos fiel al chico de Shanghai, declinando toda oferta. En el bus (llenísimo de gente) logramos sentarnos. Mi amiga hizo migas con un niño que le cedió su asiento. Yo encontré lugar para el de Shangai y para mí.

El bus deja en la carretera pero avanzando un poco hacia una rotonda se llega por fin al Centro de visitantes de Mutianyu. Allí nos despedimos del chico de Shanghai pues él ya tenía la entrada y nosotros la teníamos que comprar. Hora de llegada 10.25 desde las 7 que nos habíamos plantado para encontrar el bus… ¡Pero llegamos!

Cuando acabamos la visita a la Gran Muralla regresamos hasta el Centro de Información. Preguntamos por el bus directo. Nos remitieron primero al 916, pero insistimos en el directo. Nos dicen que entonces tendríamos que esperar hasta las 16.30. Decidimos irnos a comer mientras tanto. Tomamos un gran tazón de noodles y unos dumpling de champiñones, buenísimos. Todo baratísimo. Nos sobró tanta comida que la pedimos para llevar. Nos fuimos a la zona del bus, sufriendo el acoso de varias personas que nos querían llevar en taxi (cuando me refiero a acoso, lo hago en el sentido de que insisten hasta la saciedad, hasta el punto de molestar). Media hora antes de la salida del bus nos dejaron subir a él, tiempo durante el cual el bus estuvo con el motor encendido (luego se quejan de la contaminación…). Una vez se puso en marcha, una señora pasó a cobrarnos (30 yuanes por persona, ahora sí) dándonos unos tickets muy raros (como cuatro por persona). En el bus había calefacción, no tanta como en el de ruta (que esa era una exageración), por lo que aprovechamos para dar unas cabezaditas.

«Era en mitad de una calle X, todo oscuro, en plan gran avenida de las afueras…»

Ya llegando a Pekín, cayendo la noche (los edificios se me hacían conocidos) de pronto en un punto, paran el bus y nos dicen: ¡abajo! (en realidad dijeron algo que no entendimos pero que sonaba a eso). Mi amiga y yo nos miramos con cara de ¿y la estación de autobuses? Pero la señora nos gritaba sacándonos a todos del bus, diciendo que el metro estaba cerca ante la pregunta de varias personas, (bueno siendo sinceros solo hacía señas con las manos y esa fue nuestra interpretación). Era en mitad de una calle X, todo oscuro, en plan gran avenida de las afueras…

Al bajar del bus me fijé en una pareja que venía en el mismo bus, con la misma cara de perdidos que nosotras. Vi que estaban consultando el teléfono. Pensé que tendrían Internet. Les pregunté si sabían dónde estaba el metro. Confirmaron que estaban buscándolo también. Así que hicimos equipo. Nos contaron que por la mañana les había pasado como a nosotras, que habían buscado las líneas directas sin éxito. Después de unos diez minutos caminando llegamos a una zona más comercial, incluso vimos una tienda UNI QLO (de la que somos muy fan desde Orlando). El paseo no se hizo pesado porque íbamos compartiendo nuestros viajes respectivos. Muy cerca de esta zona comercial estaba el metro. Nos despedimos de la pareja agradeciéndoles toda su ayuda. Ya desde ahí nos ubicamos perfectamente.

Esta experiencia nos sirve para aprender que en la vida de todo se puede salir, a pesar de las dificultades con el idioma o la cultura. Hay personas amables en el mundo que siempre nos ofrecerán ayuda. Tras nuestro duro día, nos reímos muchísimo ya a «toro pasado» en el hotel recordando nuestra aventura.

Aquí te dejo enlaces sobre mi visita a China:

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